Cuentos de la niña perversa/2Agarré una manzana que sabía a tierra, - que sabe a tierra papá, yo no me la como. Pero mi papá insistía en que la manzana era buena y que debía comerla. – Que sabe a tierra papá, pero él no me creyó y siguió conduciendo la camioneta. Di una mordida fuerte y amplia para encontrar la explicación a tal saborcillo y cuál fue mi sorpresa cuando al quitar los labios veo a un gusano café oscuro que andaba tratando de reconstruir su caverna, llena de polvo café y toda húmeda circundada por el verde manzana, esa era la explicación – Mira papá un gusano por eso sabe a tierra, dije mientras mi papá se rió diciendo que debía comerla. – Que mires el gusano papá por eso sabe a tierra.
Pero él no me creyó y se imaginó que era un efecto óptico producido por mi ensoñación acostumbrada todos los días a las cinco de la mañana, que era el momento en que él y yo salíamos rumbo a la floresta; pero lo que yo sabía era que mi papá estaba afectado por el deseo de verme desayunar aunque fuera el pequeño manjar de tierra, por eso no podía ver al gusano.
Volví a ver al gusanillo, estaba desesperado, no sabía si esconderse, o huir de la fruta, pero hacia dónde iría, qué podría hacer de su vida, sin la protección fresca de la manzana. Lo tape entonces con un trozo de papel, sabía que no sería suficiente con sólo taparlo así que apreté el papel contra la manzana y en espera de que el pobre no sintiera más el miedo o la amenaza de la intemperie.
Llegamos a la floresta, ahí estaba el vecino, uno que guarda su casa entera en un par de costales y que acostumbra dormir donde sea, o a leer cualquier cosa que le ofrezcan. El vecino estaba como siempre todo maquillado de terciopelo negro, con lanas en los cabellos, con sus usuales uñas moradas de frío y sus bigotes enmohecidos como cada mañana. Estaba dormido, sobre un montón de hojarasca, tenía las piernas tendidas y estaba soñando que andaba en la playa.
Yo me acerqué y puse la manzana ahí junto a él, en espera de que la desayunara. Me hubiera gustado tomarle una foto pero ya era demasiado tarde para conseguir la máquina pintaconluz, el día había comenzado.