domingo, marzo 22, 2009

… me he dado cuenta de todo lo mal que he hecho al querer tapar con un dedo todos mis sentimientos; el sentimiento mágico generado por ejemplo, de ir a desayunar juntos. El desayuno, tan lleno de sol y de exquisitas proteínas, las necesarias para recuperar el desgaste; o el sentimiento que se desprende del cuerpo, de la boca, de entre las piernas, de tu boca, de entre mis piernas, del maravilloso círculo; o el de ir caminando sin más que mi cuerpo pegado a tu espalda, respirándote al cuello, viendo tu perfil, o discutiendo, o fastidiándome de que yo pensara una cosa y tu otra; y el sentimiento de ir a atascarnos de libros, o de tomar fotos, o de que me tomaran tus manos; o de tu sonrisa y de lo agradable que resultaban tus tantos años más que yo, y tus tantas cosas vistas y conocidas, más que yo; eso era divino, saberte y sentirte más grande que yo. Es que nunca había estado enamorada y saberlo hasta ahora es lo peor. Hoy soñé contigo.

martes, marzo 10, 2009

Perla del Bosque

Conoceremos como Infauna a los organismos que viven en los sedimientos acuáticos, básicamente en las profundidades del mar; de ahí nacen, comen, viven... se desplazan, formando túneles minúsulos entre lodo, arena, tierra, según sea el caso. A veces, dentro de esos organismos se incrusta una partícula que entre bacterias, carbonato de calcio, nácar y proteínas, va formando una perla. Imaginemos ahora a un ser de la Infauna, a un molusco por ejemplo, con todo y su concha, navegando por el mar más oscuro y hondo del planeta, trazando un infracamino que en una millónésima de posibilidades podría portar una partícula nacarada y llevarla del mar continental, al húmedo y ansestral suelo del bosque - donde entre lodo, animales muertos, raices de árbol primigeneos, recuerdos de seres antediluvianos - se generará una perla, una perla del bosque. Un primitivo tesoro que muy pocas veces encontramos, y que cuando vemos no tenemos otra más que desear comerlo.