sábado, mayo 09, 2009

A propósito de estos tiempos de gripa de puerquito y cubrebocas...

Íba a hablar aquí sobre la imposición que tienen las mujeres musulmanas para cubrir su cabeza, su rostro, sus ojos, su nariz, su boca...;
y luego haría una analogía con dos ideas vividas en nuestros tiempos: la de tapar nariz y boca de manera cuasi impositiva; así como la de reprimir el contacto entre quienes nos rodean sea hombre, mujer... etc. A éstas dos estrategias orquestadas por los gobernantes (de quién sabe qué gobierno...) las tomaría como una manifestación de represión social, justificada científicamente (porque la ciencia es como una religión); y haría aparecerla en analogía fársica con las mujeres en cuestión.
Sin embargo, toda esa fabulada se vino abajo pues la dificultad radica en mi desconocimiento sobre el verdadero significado del Hiyab (vestimenta femenina islámica); y es que el hecho de cubrir el rostro de estas mujeres - desde nuestro pensamiento occidental- nos refiere a su caracter represivo y sexista. Pero algunas fuentes sobre Oriente declaran que desde épocas ancestrales - en el tiempo de Mahoma y aún en el anterior a éste - los velos han tenido diversos significados, tan arbitrarios como contundentes; hay desde los que que denostan, reprimen, o incluso mitifican a la belleza, hasta los que dignifican y protejen del mal o del viril deseo de contacto hacia ellas...

Como sea, me cae que no es nada agradable andar con el rostro medio cubierto y pensando que con él sí te librarás del mal que deambula en el viento, aunque bueno, en el metro toreo por ejemplo tal vez opte por llevarlo diario, o siempre que ande por ahí, - Es que la terminal es ¡absolutamente terrible! y se deben respirar micro bios quizá aun innombrables en cualquier medio de comunicación o asesor científico-académico.
(En fin, lo que se observa es que cada vez menos gente porta el artefacto quirúrgico, y que cada vez más el virus va perdiendo poder en la opinión publica de todos los días (me refiero a la que opinión que vivimos entre pasillos) - pus' ya qué... de todos modos de algo nos iremos a morir; a parte - ¿por qué no pasan casos reales en la tele..? - Se me hace que esto no es cierto... comenta la gente).

Reportó sin afán de hacer con la memoria un cuento, y pensando en la cadena sobre cómo hacer cubre-bocas en casa,

Ninde Telemnar



martes, mayo 05, 2009

Anélida respira por la piel y tiene dos corazones, come gusanos, crustáceos, larvas y renacuajos; le gusta vivir de ellos y de los ruidos que hacen. Antes de devorarlos les hace creer que sus sonidos son los mejores que jamás haya escuchado, les dice por ejemplo que la música de sus gargantas al recitar una poesía es la más exquisita que jamás haya oído, o les dice que las notas producidas por sus gónadas son como el mar tranquilo de tiempos remotos, tan remotos como las moléculas de carbono que a ella misma la componen.

Así es Anélida, vive de su comida, de sus retículas, epidermis y de sus ruidos, porque en realidad eso es lo que le interesa, sus ruidos; y es que Anélida antes de ser una excelente depredadora es una excelente melómana. Entonces un día escucha un sax y se pega al animalillo cual ventosa; luego se va y engulle sonidos diversos, tan diversos como aquellos que casi nadie recuerda, como los de un aerófono, un membráfono, o un cordónofo, entonces come extasiada; y otro día encuentra una presa que suena a rock cubano o a metal brillante – y le hace creer a la presa que sus notas son las mejores, así el proceso resulta más fácil para todos...

Por eso detesto tanto a Anélida, sobre todo cuando una de sus víctimas antes de morir se siente extasiada al iluminar los oídos de ésta, cómo si iluminar a Anélida fuera una virtud exquisita.

Yo no recuerdo cuando comenzó Anélida con esta terrible patología, sólo recuerdo aquel día en el salón de clases cuando entre todo el barullo de polillas y escamas flotantes discernía sobre la relatividad del planeta y se dejaba acariciar la punta del cabello por Raquel, entonces ella la amaba tanto.