viernes, octubre 27, 2006

Ayer se me subió el muerto dos veces y la verdad que casi no me espanté.Anteayer se me subió como 6. Sí las conté, pues quería saber con exactitud cuántas veces se me despertaba la conciencia sobresaltada tratando de mover el cuerpo inútilmente.‘La Subida’ me comenzó desde que iba a la prepa; siempre he creído en la teoría de que ésta sucede porque tu cuerpo está más cansado que tu mente - así que se duermen en ritmos distintos- y si de repente algo te pone en alerta, un ruido, un sueño, un movimiento, etc., pues tu mente despierta pero el cuerpo no; y como resultado tienes un cuerpo que no se puede mover, una incapacidad para respirar normalmente y la sensación de que te zarandeas desesperadamente, pero sólo en la imaginación, porque lo demás ni un céntimo se mueve.
Entonces se te ponen los pelos de punta, te entra la angustia y te imaginas unos seres que te observan dulcemente y que se ríen de verte todo asustado y alterado por querer decir una palabra, una mentada de madre, un nombre, o cuanta cosa se te ocurra computar en mente, para despertar de aquel semi- letargo reconocido con la frase - Se te subió el muerto.Hay veces que cuando me ‘se me sube’, digo – Que güeva luchar con esto del muerto, mejor ya me quedo así con la angustia, al fin que no pasa nada.
Pero es imposible ignorar la sensación puesto que entre más pasan las centésimas de segundos, digo centésimas porque el tiempo se hace muy pesado en ese momento, más te entra el vértigo de caer en quién sabe dónde…
Por otro lado, Francisca Rafaella me dijo que era porque un ser me andaba cuidando y que tenía una especie de misión conmigo, pero aquí entre nos,“Rafaella” está metida en esas cosas de alquimia, mancias y otros pedos más complejos… así que no le hice mucho caso, aunque luego me da vueltas la posibilidad de que eso sea cierto.
También me dijeron que echara agua bendita o que dijera groserías, pero honestamente, lo único que he hecho es decir – ¡Carajoooo! A ver a qué hora me deja dormir esta cosa!
En fin, no sé exactamente a qué se deba esta situación, lo único cierto es que ya quiero que se vaya o ya de plano le diré al ‘muerto’ que me cuente algo de aquellos lugares en donde se halla, que me diga si eso del infierno es tan colorido como decía Dante o si el paraíso de miel y leche es mejor que acostarte en la arena, ir a Chiapas, o como amanecer tranquila y respirar el nuevo día con el corazón descansado.

miércoles, octubre 25, 2006

Deforme, disforme, irresuelta, no se ve bien de negro ni de blanco; aun peor indecisa, sin fuerza, sin cara, sin nada.
Nada, porque esperanza es la Nada.
Sin gracia, sin fundamento, sin nada de recuerdos chispeantes, de amor que ataca, que ahorca, que regaña; nada de no poder dormir, de sueño atravesado peleando con el mal de ojo, sin el muerto que se te sube y que se te baja sin justificación, sin sombra, sin miedo.

Y también es el pecado y la negación del pecado infierno, o sea, nada.
- Espero que exista la Nada.
Que acabará toda la ley, toda leyenda; luego todos los animales y todas las magias, todos los paraísos y todos los infiernos; sí sería mejor así, nada.

lunes, octubre 23, 2006

NINE RAIN
Teatro de la Ciudad, 20:50 hrs.

Llegamos corriendo a comprar un boleto extra, nos echamos un cigarrito, nada más para tomar aire, y unos tragos de agua mineral, después comentamos sobre la poca difusión del evento y nos alegramos de conseguir descuento en taquilla con mi vieja credencial de la UNAM.

Luego escuchamos unos sonidos “jazzosos”, algo experimentales, que nos hicieron apagar el cigarro, jalar de un trajo la bebida entera y correr a localizar nuestros asientos. Eran “Los Dorados”, el grupo abridor, muy interesantes notas fueron aquellas, lástima que sólo alcanzamos una rola.

Pero lo mejor estaba por comenzar. – Esta es la tercera llamada, dijo la voz y unos segundos después, ahí teníamos a Nine Rain, quienes recibieron los eufóricos aplausos de la mediana multitud y tomaron solemnes sus instrumentos.

Así, entre mi ojo abierto que se quería comer el Teatro de la Ciudad entero y la pregunta por saber “quién es Nine Rain”, comenzó un viaje musical por los senderos de la Ciudad de México y el campamento de la APPO, luego llegamos a Veracruz con todo y jarocho y para cuando estábamos de regreso, que se asoman unas notas de música banda para hablarnos en inglés, en inglés con náhuatl, o en español…

Lo cierto es que de vez en cuando me entraban unas ganas de botar el asiento y ponerme a bailar, sin embargo no lo hice pues Steve Brown, líder del grupo e integrante también del proyecto musical Toxedomoon, se oponía siempre al orden y cuando más rítmico estaba el asunto, llegaba y destrozaba todo con su magnífico saxofón, lo que generaba resultados tan inesperados como cautivadores.

Terminó el concierto y cuál fue mi sorpresa cuando al salir vi a un maestro de la FES Acatlán, a Javier Pérez Dávila, lo saludé en espera de que por lo menos recordara mi rostro, y antes de descubrir si mi temor era cierto o no, me contó que Alejandro Herrera, un compañero de generación, le mandó un mensaje al celular para invitarlo al concierto “Vamos a presentar nuestro nuevo disco en el Teatro de la Ciudad (México Woke Up)” ¡Vaya sorpresa! Un integrante de Nine Rain, viejo amigo del profesor.

PARA SABER MÁS VISITE:

lunes, octubre 16, 2006

Ocio desde el sexto piso
(chateando clandestinamente en el google talk, es que como sabrán, los demás sistemas de mensajería instantanea están totalmente prohibidos en esta oficina)
Asunto: lo que fuiste en tu otra vida


- Rafaella: qué chido estoy en una página, en donde me dicen qué fui en la otra vida - Patricia: órale!!! y qué fuiste? yo también quiero saber qué fui - Rafaella: una chava que vivía en europa del este en el 1798, me llamaba Varina o Fanya y era bailarina y actriz - Patricia: Wou!

- Rafaella: medio materialista y ayudante de los pobres http://www.misabueso.com/esoterica/angeles/index.php - Patricia: jaja sí te creo... Kmara con esta página! voy a ver qué me sale... me salió... ERROR jajaja - Rafaella: jajajaja Actualízala! - Patricia: (Aquí está)

No sé cómo te sientas al respecto Patricia, pero parece que tú fuiste hombre en tu última encarnación. Tu signo zodiacal en esa vida era Capricornio. Muy probablemente pasaste los últimos momentos de tu vida en algún lugar cerca de Polonia, aproximadamente en el año 1881. El nombre por el que se te conoció en esa vida pudo haber sido algo como Telek o Stanislas.

Es posible que tu ocupación en esa vida fuera algo relacionado con comerciante, empresario, o bien un buscador de la verdad y la sabiduría. Es probable que hayas visto entonces tus vidas futuras. Los demás te percibían como un idealista iluminando el camino hacia el futuro.

Tu problema: aprender a amar y a confiar en el Universo. Estás destinado a pensar, estudiar, reflexionar, desarrollar sabiduría interior

- Rafaella: Eso es cierto, eso es muy cierto - Patricia: jajaj qué cagado -Lo voy a postear
- Rafaella: jajajajaj qué pedo! lo mío también es cierto, soy muy apegada a las cosas materiales


Lo que sí creo es que eso de las vidas pasadas, eso de imaginar nuestras otras posibles personalidades, no es quizá más que un intento por ser o imaginarse a sí mismo siendo alguna otra cosa que hoy no puedes ser, que la sociedad no lo permite, o que simplemente se presenta como histórica, biológica o territorialmente imposible. Por otro lado, ese sistemita adivinatorio de la página es un fracaso de las mancias tecnológicamente mediadas, lo hice un par de veces obteniendo resultados diferentes, aunque con algunas similitudes... En fin... aunque me hubiera gustado.... ser...

¡¡¡¡una bruja!!!! :)

jueves, octubre 12, 2006

Me encontré un nopalito en internet, no lo estaba buscando precisamente a él pero se me atravesó, entonces que lo agarro y que lo posteo.
Me acabo de echar un vinito blanco y es que fue un vino de "festejamiento". Aquí en la oficina han ganado no sé qué premio a la Calidad. Así que el alcohol corrió, todos brindamos, las copas se vaciaron, todos sonreían y festejaban, se emocionaban pues recibirían un diploma firmado por "La Señora".
Corría la lista de nombres y nombres de los orgullosos miembros de la comunidad laboral, yo esperaba sin mayor ambición mi nombre, cuando de repente "... los de honorarios no recibirán reconocimientoo... es que es un documento oficial y... no se puede... ", dijo el jefecito Lic. Director.
Entonces bajé la copa y pensé en mi afortunada calidad de trabajadora de honorarios, sin reconocimiento, sin prestaciones, sin seguro... luego pensé, busqué los beneficios
- emhhh (ventajas de ser gente de honorarios)... que soy una trabajadora..... ¿libre...? sin contrato, sin fecha fija para recibir salario, sin seguro, sin antiguedad, sin reconocimiento... una trabajadora ¿¡ILEGAL!?
Luego me reí y comencé a discutir con los presentes cómo se debe tomar la copa de vino blanco y/o de vino tinto. ¡Vaya tema para evadir cierta incomodidad entre los presentes! es que parece que eso de los reconocimientos ya nadie se lo cree. Pero qué más daba, ahí estaba el vino, había un lindo reconocimiento para colgar en la sala y tiempo libre para alejarse de una fastidiosa computadora.
Debería planear un movimiento social dedicado a la reivindicación de los derechos del trabajador de honorarios, haría bien, eso necesita el mundo, nuevas ideas para luchar. Chale! creo que me he volado un poco la cabeza con eso de mi caracter de honorarios, ¿será que no tengo derecho a decir nada, que así ya estoy bien?
Vale pa pura Mutter...!
Esto de mi llamado Existencialismo laboral nunca termina...

martes, octubre 10, 2006


Cuentos de la niña perversa/1

Me gustaban los vestidos largos, más debajo de la rodilla, es que yo decía que esos sí eran vestidos de una princesa.

Una tarde la princesa cruel y perversa, salió con sus primas al bosque, un bosque gris ladrillo, cartón húmedo y tierra suelta que se confundía con los tobillos de los animalitos de la floresta. Yo convencí a mis primas para que saliéramos aquel día, uno después del día de muertos, a engañar a los animales que por ahí vivían.

El plan era el siguiente: teníamos muchos restos de dulces del primero de noviembre, envolturas de brinquitos, de bocatis, de sugus, de tomis, así que el maléfico procedimiento era engañar a los pobres animales con piedras disfrazadas de dulces. Entonces buscamos piedritas del mismo tamaño de un dulce y las metimos en la envoltura luminosa, una por una.

Qué feliz me sentía al imaginar a todos esos animales de la floresta con sus caras emocionadas, con el rostro pálido de antojo, al abrir las envolturas de color brillante; qué risotada daba al imaginar el paso de un rostro emocionado a uno desilusionado, al momento de ver que el dulce era sólo una piedra. Reímos mucho mientras disfrazábamos de dulces aquellas piedras, después salimos y nos acercamos a cada casa aventando la trampa a cada animalito vivaracho que paseaba bajo el cielo arenoso.

Así entre risa y risa y después de algunas horas, terminamos de repartir el dulce botín, luego huimos, imaginando no sólo las caras de desilusión de los animalitos, sino pensando que quizá una de esas piedras, disfrazada de dulce, mataría a alguno desgarrándole el gañote
Cuentos de la niña perversa/2

Agarré una manzana que sabía a tierra, - que sabe a tierra papá, yo no me la como. Pero mi papá insistía en que la manzana era buena y que debía comerla. – Que sabe a tierra papá, pero él no me creyó y siguió conduciendo la camioneta. Di una mordida fuerte y amplia para encontrar la explicación a tal saborcillo y cuál fue mi sorpresa cuando al quitar los labios veo a un gusano café oscuro que andaba tratando de reconstruir su caverna, llena de polvo café y toda húmeda circundada por el verde manzana, esa era la explicación – Mira papá un gusano por eso sabe a tierra, dije mientras mi papá se rió diciendo que debía comerla. – Que mires el gusano papá por eso sabe a tierra.

Pero él no me creyó y se imaginó que era un efecto óptico producido por mi ensoñación acostumbrada todos los días a las cinco de la mañana, que era el momento en que él y yo salíamos rumbo a la floresta; pero lo que yo sabía era que mi papá estaba afectado por el deseo de verme desayunar aunque fuera el pequeño manjar de tierra, por eso no podía ver al gusano.

Volví a ver al gusanillo, estaba desesperado, no sabía si esconderse, o huir de la fruta, pero hacia dónde iría, qué podría hacer de su vida, sin la protección fresca de la manzana. Lo tape entonces con un trozo de papel, sabía que no sería suficiente con sólo taparlo así que apreté el papel contra la manzana y en espera de que el pobre no sintiera más el miedo o la amenaza de la intemperie.

Llegamos a la floresta, ahí estaba el vecino, uno que guarda su casa entera en un par de costales y que acostumbra dormir donde sea, o a leer cualquier cosa que le ofrezcan. El vecino estaba como siempre todo maquillado de terciopelo negro, con lanas en los cabellos, con sus usuales uñas moradas de frío y sus bigotes enmohecidos como cada mañana. Estaba dormido, sobre un montón de hojarasca, tenía las piernas tendidas y estaba soñando que andaba en la playa.

Yo me acerqué y puse la manzana ahí junto a él, en espera de que la desayunara. Me hubiera gustado tomarle una foto pero ya era demasiado tarde para conseguir la máquina pintaconluz, el día había comenzado.
Cuentos de la niña perversa /3

Aquel día organicé la boda de Tobías y de Margarithe, eran mis primos. Coloqué el altar junto a un árbol de la casa de mi abuela. Puse un cristo de flores silvestres, me inventé un músico con su tambor, organicé las ofrendas, pedí que llevaran ropa adecuada y que de paso se lavaran los tobillos. Luego investigué cómo podríamos conseguir juegos pirotécnicos.
Para la organización del evento tenía en mano una carpeta blanca, con hojas blancas y pluma, así podía anotar todos los pendientes, actualizaciónes y extras para el festejo. Margarithe sólo se reía cuando le leía lo que debía llevar a la cermonia y Tobías, bueno él no hacía mucho caso a la novia, pero a mí sí me ayudaba con la organización del juego, por eso lo puse a que ensayara unos “cuetes” con la boca, unos chiflidos que se aventaba mi primo, y que sonaban exactamente como eso, como cuetes, el ruido ideal para la gran fiesta.

Una vez resuelto el problema de los juegos pirotécnicos busqué al párroco, sería Beto, el primo más chiquito, y luego a las madrinas, mis otras primas. También hice banquitas para los invitados, cargué piedras y las acomodé junto al árbol mientras todos terminaban su comida, es que yo comí rápido pues todavía había mucho que preparar.

Salieron de comer, querían ir a ver a los puerquitos recién nacidos, pero yo les advertí que llovería y que teníamos que apresurar las cosas o el evento se volvería un fracaso, sólo así me hicieron caso. Entonces di el ramo de flores a Margarithe y la puse en el altar con todo y risas para que se casara con su primo Tobías. No sé qué habrá sentido Margarithe, pero en el momento en que Beto, nuestro párraco, decía las palabras mágicas – Los declaro marido y mujer, mi prima soltó el ramo y se fue llorando a la casa de mi abuela, creo que desde entonces ya no quiso jugar más conmigo.

Se fueron todos los invitados, pero Tobias y yo nos sentamos en las piedras y hablamos de los puerquitos recién nacidos.

lunes, octubre 09, 2006

A lo mejor me hacen falta más historias para comprender que un día empiezan y otro día acaban. O será que todavía no sé nada del amor y no he logrado comprender hasta qué punto se cae en él, como el fall in love, o hasta qué punto se hace el amor. Será que nunca sabré de eso de compartir y que el egoísmo atentará mi corazón de aquí hasta que me vaya del mundo. Será que soy como un cuento, como una literatura extraña, experimental, revocable, que va en círculos y no termina nunca de construirse.

Es que... por qué no me cuesta trabajo arrebatarme al enojo, al placer instantáneo, a la derrota en medio de la historia, al tumulto que extermina el drama; por qué sí me cuesta trabajo evadir los resultados de la propia saña.

Digo que a lo mejor me hacen falta más historias. Quizá así aprendería a amarrar el vértigo de qué es lo que viene, quizá así aprendería a jugar con Cronos. ¡Cómo si yo pudiera jugar con los dioses! Como si yo pudiera agarrar el destino y reciclar la humedad, la sonrisa, el alcohol a las tres de la mañana. Sí, es de nuevo lo mismo, siempre lo mismo, ojalá me bajará de mi misma, sólo así podría observar y proseguir la búsqueda, sólo así podría criticar la propia ignominia, hacerme una sola.

Hoy te seguiste al sur, yo iba al norte.

viernes, octubre 06, 2006

Digo que yo no soy un hombre puro
NICOLÁS GUILLÉN

Yo no voy a decirte que soy un hombre puro. Entre otras cosas falta saber si es que lo puro existe. O si es, pongamos, necesario. O posible. O si sabe bien. ¿Acaso has tú probado el agua químicamente pura, el agua de laboratorio, sin un grano de tierra o de estiércol, sin el pequeño excremento de un pájaro, el agua hecha no más de oxígeno e hidrógeno? ¡Puah!, qué porquería.
Yo no te digo pues que soy un hombre puro, yo no te digo eso, sino todo lo contrario. Que amo (a las mujeres, naturalmente, pues mi amor puede decir su nombre), y me gusta comer carne de puerco con papas, y garbanzos y chorizos, y huevos, pollos, carneros, pavos, pescados y mariscos, y bebo ron y cerveza y aguardiente y vino, y fornico (incluso con el estómago lleno). Soy impuro ¿qué quieres que te diga? Completamente impuro. Sin embargo, creo que hay muchas cosas puras en el mundo que no son más que pura mierda. Por ejemplo, la pureza del virgo nonagenario. La pureza de los novios que se masturban en vez de acostarse juntos en una posada. La pureza de los colegios de internado, donde abre sus flores de semen provisional la fauna pederasta. La pureza de los clérigos. La pureza de los académicos. La pureza de los gramáticos. La pureza de los que aseguran que hay que ser puros, puros, puros. La pureza de los que nunca tuvieron blenorragia. La pureza de la mujer que nunca lamió un glande. La pureza del que nunca succionó un clítoris. La pureza de la que nunca parió. La pureza del que no engendró nunca. La pureza del que se da golpes en el pecho, y dice santo, santo, santo, cuando es un diablo, diablo, diablo. En fin, la pureza de quien no llegó a ser lo suficientemente impuro para saber qué cosa es la pureza.
Punto, fecha y firma. Así lo dejo escrito.



Es un círculo...

Ya busqué en el acuario y en el gallo chino, ya cerré los ojos y busqué en mi interior, ya sudé mi almohada, ya rebusqué patrañas psicoanalíticas, ya bauticé mi patología, incluso ya levanté otra piedra. Pero no la encuentro y lo peor es que todavía no sé ni cómo llamarle, aunque suena bien: ‘justificación’.

Lo que sí sé es que la quiero dramáticamente correcta, bien delineada, creíble, quizá noble… Pero de verdad que no la encuentro.

Gracias por la sonrisa. Eres incomparable

jueves, octubre 05, 2006

AUTOR: FRACTOR

lunes, octubre 02, 2006

POST GORE

Fisura en el metatarso número 5 de mi pié derecho. Han pasado casi tres semanas desde el fatídico suceso.



México, la ciudad de la esperanza, 4 de la tarde.

Todo comenzó en la oficina, cuando Edgar (era el día de su cumpleaños) propuso ir a comer a “La casa del Arte” un lugar muy cómodo ubicado en la colonia Juárez, todo lleno de cuadros extraños pintados por la mano de un artista irresoluto que va del paisaje a la caricatura pornográfica y de los colores absurdos, a los chiles en nogada y el agua de horchata.

Ciertamente no recuerdo qué comí aquél día, ni qué comió Francis, ni Edgar ni Luis Miguel, mis compañeros y amigos de trabajo, con quienes iba. Lo que sí recuerdo es la atípica presencia de Nicky Clan y de Digital 99.3, en un lugar como ese; así como el anecdotario de aquella mañana. Pues ha de saberse que la hora de la comida, entre trabajadores de computadora y escritorio, no es sólo momento para nutrir la tripa, sino el momento catártico donde nos deshacemos del síndrome oficinistico.

Aquel día, después de una hora de auténtica autoayuda, salimos de aquel increíble lugar. Yo caminaba con una revista en italiano que acababa de comprar, estaba feliz, casualmente hablaba sobre los portugueses en oriente y de sus grandes narices, cuando de repente la luz, el aire y el sonido me abandonaron. La causa, un desnivel que se atoró frente a mi pié derecho.

Después no supe bien qué sucedió, pero al poco rato Luis Miguel me echaba aire tratando de evitar el desmayo total, Francis me decía lo sorprendentemente blanca que estaba y Edgar hablaba de algo absolutamente irrecordable. Luego sentí que se me venía el mundo encima con sólo imaginar cómo serían los días siguientes.

Es que es la tercera vez que me sucede (bueno las otras dos fueron esguinces, o sea estiramiento del tendón) y enfrentar una ciudad como esta, con alguna especie de discapacidad, pues está complicado. Y pensar que hay gente que en verdad, cada día, y de quizá su vida entera, tiene que lidiar con el accidentado urbanismo

En fin, que para no hacerles el cuento largo, después de andar al ortopedista, a la doña que soba, después de poco más de 15 recomendaciones de desconocidos, de conocidos, de buenos detalles, de que no me den lugar en el transporte público; después de la sábila caliente, de los fumentos de sal; después de la pomada de la abeja y de la abuela... llegó a mi vida la “Bota Robocop”.


El invento oriental que sustituye al rompible y pesado yeso, el único que atrae a múltiples miradas, que sorprende a unos y que preocupa a otros, el único que a pesar de la rareza y de la visible incomodidad que representa para el usuario, no es suficiente para levantar los traseros cansados que a las 8 de la noche miran extrañados a la chica de la bota rara, la bolsa grande y la cadera en descenso; es que es ésto lo que lo hace tan difícil, el desnivel de ambas piernas.

Apenas llevo una semana con el nuevo invento y sinceramente espero que pronto pueda disfrutar plenamente de esta ciudad y de lo cotidiano.

(En algunos días me quitarán esto y neta pues sí sirve. Así que si saben de alguien que la necesite luego, con gusto rolo la bota)

ayer no podía dormir, he aquí algo de lo escrito bajo el efecto de la cafeína...


FLY EYES

Hay una hermosa y negra mosca rondando mi cabeza.
La gorda extiende sus alas mientras me miro en el espejo; la incauta se posa ahora sobre su propia imagen.

Paso el cepillo por los trozos de mi cabello, la miro curiosamente, sé que es un ser débil e insignificante pero súbita e inexplicablemente me salta la ignominia, ¡es que el insecto se ha resuelto a competirme en imagen!. La mosca me mira, acicala sus ojuelitos con un par de sus seis patas y brota de su aleteo una risa seseada.

Un miedo inexplicable llega a mi mirada y me resuelvo a cepillar a la incauta contra el espejo, pero todavía no termina de estrellarse mi mortífero instrumento cuando la pesada y negra mosca ha desaparecido.


El World Trade Center de Oliver Stone.

Ayer, sin saber nada de la cinta nos metimos en la sala no. 5 de Cinépolis Plaza San Mateo. Cuál sería mi sorpresa esta mañana al darme cuenta que ésta es una de las películas que por alguna extraña razón me ha sobre impactado, la causa: mi recién nombrado, "morbo cinético".

Es que dejando de lado todo el escándalo terrorista-estadounidense (soy partidaria de llamar al 11 septiembre, autoatentado) la caída de las torres en sí, me intriga y me llena de angustia.

Es que la gravedad, la aceleración de los más de 200 pisos, la presencia y extinción del fuego, así como la vulnerabilidad del ser viviente, su condición orgánica, son causa de mi acalorada incertidumbre y de los escalofrios que tengo al recordar la cinta; así como de inventarme situaciones de caída libre y movimiento en aquel mounstro arquetectónico.

Me inventé por ejemplo, en la madrugada, la posibilidad de túneles dentro del escombro, de gente perdida corriendo entre ellos y sin posibilidad de escapatoria; me inventé escenas, de precipicio, de papeles de oficina, de piernas, de un infierno inconcebible en la pantalla grande o aun más en nuestra imaginació.

Después de 129 minutos de película salí caminando con Enrique y, debo aceptarlo, un par de lágrimas atoradas todavía me amenazaban.



Escribo estas líneas en un sexto piso, del edificio ubicado en Avenida Reforma, miro a mi alrededor y pienso la mejor forma de escapar de los vectores, de la gravedad, más aceleración, más peso… escapar de la vulnerabilidad del cuerpo.

Justo detrás de mi hay un pilar de esos que sostienen la construcción de mediana altura. Me pregunto qué tendría que hacer para librar algún fatídico suceso, para lidiar con las fuerzas divinas que pudieran tirar el edificio, o con la inclemencia humana que podría atorarnos en este armazón de cemento.