martes, septiembre 19, 2006

Carmina Road
Patricia Galán Lara

Carmina va caminando rumbo a su casa, trae los audífonos, el bolso nuevo color pistache, los tacones negros y la boca con residuos de carmín. La mujer avanza pero su mente se detiene entre trastes sucios, ropa que espera ser levantada, cortinas descompuestas.

Un auto obtuso se detiene ahora frente a ella. – Disculpe señora, estoy perdido. No sabe cómo podré salir a… Pero Carmina no escucha nada, por ello se acerca y retira los audífonos inquisitivamente, sin embargo la pregunta es oscurecida por un profundo silencio.

Es entonces cuando vemos a Carmina salir de casa, camina con Elena y con Marco, sus dos hijos de 12 y 8 años. Llama la atención que la madre lleva en la mano una tarjeta telefónica, una tarjeta común con comerciales pagados a Telmex. Para este momento Elena ya ha intuido qué hará su madre. Parece que la chica, a pesar de su edad, percibió desde hacía varios meses una historia de amor aun no valiente entre Carmina y su profesor de inglés. Una historia que se explicaba tanto por la ausencia del marido, como por la extraña risa de la mujer al hablar por teléfono con el profesor.
- Ahorita le llamo y le digo que sí. Al fin que ya puedo… Dice la mujer con escalofriante decidida voz. Carmina toma luego la tarjeta telefónica. Marca el número, espera la respuesta y su cuerpo reacciona inexplicablemente pasando de la risa exacerbada al suspiro atravesado; un suspiro que pronto llevó al delgado rostro del blanco al rojo, del rojo al morado y de éste al azul.
- ¡Qué emocionante final tendría esta historia!, pensó Elena al momento de ver a su madre pronunciar aventuradas palabras de amor al joven maestro.
Un profundo silencio vuelve a oscurecer la escena… Carmina no escucha nada, se acerca, retira los audífonos inquisitivamente, la mano cae desvalida, la mirada pálida se dirige al odioso pavimento, sabe que ya nunca lo volverá a ver.

Se escucha un disparo y el auto arranca mientras los huesos de Carmina rompen al suelo formando un ligero hundimiento.

Ahora llueve. El cuerpo de Carmina y las cuarteadoras que le rodean pronto se tiñen de carmín. El agua, el noble cuerpo, una tarjeta telefónica en la mano de Carmina, una escena no acostumbrada para los cientos de paraguas negros y las sonrisas curiosas que se han detenido a mirar el cuadro.
Elena y Marco sabrán de la desgracia minutos después, pero tendrá que pasar mucho tiempo para que los niños puedan llorar el cuerpo la madre nadando en aquella alberca improvisada; tendrá que pasar todavía más para que perdonen a su padre, quien poco tiempo después fue acusado de homicidio.