jueves, julio 25, 2013

Escena uno: "El Día en que Conozco a Laura" o "Zapatillas Rojas".

Laura comenzó a observarme cuando de la mano de su padre subió al metro. Ese día  traía una  camisetita Von Duch  y los tenis rosa pastel que le habían regalado en su cumpleaños, lo que  combinaba exquisitamente con su mirada oscura y el flequillo que días antes le habían diseñado en algún salón de belleza de domicilio ahora no recordado. 

La niña se recargó en el tubo del vagón de metro con destino a cuatro caminos,  el mismo que era cómplice de aquellas voces agotadas que pensaron en cederle el asiento pero que no lo hicieron. Laura las miró en secreto y luego me miró a mi,  curiosa, de arriba a abajo, hasta que sus ojos se detuvieron en los zapatos, en los tacones altos de charol que iban tan bien con mi collar de perlas y con mis manos tercamente  flacas, las manos  que la mañana de ese mismo día colocaron el sombrero, los guantes de terciopelo, el elegante vestido negro; lo que seguramente a la niña le habría impactado tanto, sobre todo por el contrastante juego que hacía con las zapatillas rojo brillante, esas en las que se reflejó sin demostrar sorpresa. 

– Hubiera querido unas así de regalo, pensó Laura, pero nadie supo nunca de aquel deseo.

Laura salió luego del vagón del metro, detrás su padre. Ella me volteó a ver de reojo. Desde entonces Laura y yo nos vemos todos los días, en este mismo vagón. Le gusta reflejarse en mis zapatos.