martes, enero 19, 2010

veinte
diez

Qué puedo decir... que al final de cuentas aquí estoy; después de pensar en desaparecer este espacio, es que... ver cada post es una cara de la misma esencia, son las caras de Tiamat, las aristas de un cubo, son lo que quise ser, lo que soy, lo que voy siendo... el Topos Uranos contra el río del agua. El cielo eterno contra la tierra que se oxigena con sus anélidos, y sus vísceras.

Pero aquí sigue, después del examen de la escuela, del día en que nos asaltaron - con navaja y muy cerca de mi casa - después de navidad con la familia de Michoacán - la mía - después del perfume morado, después de la garganta y la gripa, del concierto de Épica, de Cuernavaca, del año viejo, de la casa roja que ahora tengo, después de besar a Alejandro, después del día de reyes y mi regalo favorito; del frío intenso que nunca comprendí bien cómo se registraba en la piel; de mi gorra invernal que compré con Adriana, y que el sol ya no me dejó usar. Después de los grados Richter... :(

Después de abrazar a mi hermano porque regresó bien del fin de semana en que se fue de parranda, después de platicar con mi papá sobre El Monje que Perdió su Ferrari, o de medio esbozar con él aquello de las "decisiones de momentos o las de toda la vida"...
en fin, que después de todo,
aquí sigo.. siendo.

Aurora

A veces es la muerte de alguien, otras una enfermedad, o luego dicen que hasta comer peyote, o simplemente una libreta nueva, es lo que hace que la vida cambie, sin embargo, para Alina las cosas cambiaron el día en que se encontró una bicicleta; entonces la tomó de entre el montón de fierros y después de un tremendo soplo- entre aire con polvo y recuerdos del día anterior - el biciclo de chatarra ya estaba en sus manos.

Alina se sintió afortunada, comenzó a pedalear y pedalear y no quería parar porque sabía que todo se veía tan bien de frente, los cerros, las viejas puertas, los caballos escasos, hasta los campos que ya no amanecen con rocío le invitaban a seguir pedaleando; aunque le dolieran un poco los pies, o los ojos.

Después de cierto tiempo - uno que ahora no recuerdo - Alina se encontró frente a un puente blanco, hacia el final de éste había una mirada oscura y bella, era la de Aurora que la esperaba con gusto y con la canasta de frutas hacia el otro lado. Alina se detuvo, tomó los manubrios y por un instante entre el sol y el polvo recien levantado pensó que aquellas frutas frescas eran las más limpias que jamás había visto, lo que resultaba bastante tentador.

Sin embargo, Alina no cruzó el puente para ver aquellos manjares de cerca, en su lugar prefirió mirar de reojo al retrovisor y seguir pedaleando.