martes, abril 04, 2006

Trika y Kik

Trika siempre fue mi puerta a otro mundo. Todo sucedió desde el primer día en que vino a comprarme una paleta. Aquella tarde Trika, con un collar de perlas amarillas, entró al local.

Se acercó al refrigerador, miró su reflejo de grosella y limón, y antes de que sus pupilas decidieran en dónde estacionarse, abrí la transparencia helada.

El hielo dulce empapó el rostro de calor fino, mientras su largo índice señalaba la paleta elegida y pronunciaba con su boca redondeada, - Quiero esa

Trika me gustó desde la primera vez que la vi, era una diosa sobre el pavimento, pero no una diosa cotidiana, sino una a la que le gustaba hacer pasteles de lodo que nadie comería, jugar a la pelota cuando hay que esperar demasiado, o cerrar un ojo fastidiado cuando el sol es insoportable.

Llegó el verano y ya no aguantaba más, cada vez que Trika venía y señalaba , el calor hacía explotar mi rostro, tanto que en una ocasión mis riñones casi revientan.

Tuve suerte, un día escuché el crujir de mi piel sobre la suya. Fue un día sencillo, un día de tantos; aquel en que mi tía dijo - Ándale hija dale un abrazo a Kik que hoy es su cumpleaños. Entonces mi panza blanca se convirtió en la de un horrendo animal que se destaza.

Yo no sé si ella algún día llegará a amarme tanto como yo lo hago, sólo sé que sus axilas cada vez huelen más amargo, que pronto será otra vez verano, y que mis lentes necesitan más aumento.