Un día sientes que la vida cambia, que el Ego se quiere encontrar con Alter y que Alter le encanta tanto, que cierra sus ojos y empieza a volar con él, vuela por la carretera, va entre casas, tierra, caminos, cuerpos sobre camas... y no existe nada más que el Ego volando entre su vestido blanco, el aire, la sonrisa, el cabello. Y el aire pega tan lindo, que la primavera se vuelve lluvia fresca, el viento una caricia, y las caricias un viaje interminable que le revela el pasado, el presente, el futuro condensado en nubes. Porque¡¡¡¡hay un nuevo pasado!!!! y el presente tiene cara de futuro y el futuro está ahí, ya, ahí, aquí.
Pero algunos días Ego cae (quizá sea porque se olvidó del otro, o de sí mismo... ya no sabe, porque en algunos puntos, es lo mismo...) entonces ya no le pega el aire rico, la primavera se nubla, se siente como encerrado en un laberinto y se cuestiona por qué... por qué no siempre viaja con Alter a la misma velocidad, porque no siempre el aire le cierra los ojos sólo con el propósito de dejarse sentir más, sino más bien para evitar que llore, porqué se la pasa fantaseando...
Ego voltea entonces a las nubes y siente que éstas lo han abandonado, se enoja, y se siente muy tonto; y desea volar, siempre volar, entre carretera, nubes, campo... aunque parece que decir Siempre al final le puede resultar un fracaso.