martes, enero 19, 2010

Aurora

A veces es la muerte de alguien, otras una enfermedad, o luego dicen que hasta comer peyote, o simplemente una libreta nueva, es lo que hace que la vida cambie, sin embargo, para Alina las cosas cambiaron el día en que se encontró una bicicleta; entonces la tomó de entre el montón de fierros y después de un tremendo soplo- entre aire con polvo y recuerdos del día anterior - el biciclo de chatarra ya estaba en sus manos.

Alina se sintió afortunada, comenzó a pedalear y pedalear y no quería parar porque sabía que todo se veía tan bien de frente, los cerros, las viejas puertas, los caballos escasos, hasta los campos que ya no amanecen con rocío le invitaban a seguir pedaleando; aunque le dolieran un poco los pies, o los ojos.

Después de cierto tiempo - uno que ahora no recuerdo - Alina se encontró frente a un puente blanco, hacia el final de éste había una mirada oscura y bella, era la de Aurora que la esperaba con gusto y con la canasta de frutas hacia el otro lado. Alina se detuvo, tomó los manubrios y por un instante entre el sol y el polvo recien levantado pensó que aquellas frutas frescas eran las más limpias que jamás había visto, lo que resultaba bastante tentador.

Sin embargo, Alina no cruzó el puente para ver aquellos manjares de cerca, en su lugar prefirió mirar de reojo al retrovisor y seguir pedaleando.