Rojo
Es un cubo de paredes brillantes, así se ve desde acá adentro, y cada pared es un lienzo virgen que está esperando la exfoliación de las ideas. A veces la intensidad de la luz crece, entonces te sientes chiquito, otras disminuye y te sientes tan bien que comienzas a pintarle formas irreconocibles, entonces te haces grande; lo cierto es que unas veces pintas solo, y otras con una mujer que te acompaña, o con un hombre, o luego hay un grupo de gente queriendo pintar en grupo, pero que se llenan de censura entre el aire contenido y miradas nerviosas.
Algunas veces – cuando pasa eso - a un demiurgo maldito le da por apagar los focos y dejar al cubo muerto de luz, tan muerto que el grupo se desinhibe y se alucina; comienza entonces una serie de jadeos y quejidos que a cualquiera altera.
Una vez, platicando con Leticia, me confesó que le gustan las paredes brillantes del cubo, que no le molesta el grupo de gente, ni mucho menos que la vean, pero dijo también que le gustaría que hubiera un hombre, y que le gustaría pintar con él algunos paisajes obscenos.
Algunas veces – cuando pasa eso - a un demiurgo maldito le da por apagar los focos y dejar al cubo muerto de luz, tan muerto que el grupo se desinhibe y se alucina; comienza entonces una serie de jadeos y quejidos que a cualquiera altera.
Una vez, platicando con Leticia, me confesó que le gustan las paredes brillantes del cubo, que no le molesta el grupo de gente, ni mucho menos que la vean, pero dijo también que le gustaría que hubiera un hombre, y que le gustaría pintar con él algunos paisajes obscenos.