
Lo cierto es que estar en la cama, entre sábanas, cobijas, con el cuerpo desnudo, con el lienzo hasta la cabeza para evitar la luz - con una especie de discapacidad para evitar el ruido exterior- pero también con el devaneo de colores, historias, estructuras indescriptibles, palabras obscenas... se convierte en una especie de paraíso primigenio.
Supongo que debe ser porque el escenario nos recuerda la condición fetal. En aquella humedad de ombligo, de oscuridad total, comenzamos a sentir el tiempo, en el ritmo cardiaco, al espacio, en la pared cutánea.
Supongo que debe ser porque el escenario nos recuerda la condición fetal. En aquella humedad de ombligo, de oscuridad total, comenzamos a sentir el tiempo, en el ritmo cardiaco, al espacio, en la pared cutánea.