A lo mejor me hacen falta más historias para comprender que un día empiezan y otro día acaban. O será que todavía no sé nada del amor y no he logrado comprender hasta qué punto se cae en él, como el fall in love, o hasta qué punto se hace el amor. Será que nunca sabré de eso de compartir y que el egoísmo atentará mi corazón de aquí hasta que me vaya del mundo. Será que soy como un cuento, como una literatura extraña, experimental, revocable, que va en círculos y no termina nunca de construirse.
Es que... por qué no me cuesta trabajo arrebatarme al enojo, al placer instantáneo, a la derrota en medio de la historia, al tumulto que extermina el drama; por qué sí me cuesta trabajo evadir los resultados de la propia saña.
Digo que a lo mejor me hacen falta más historias. Quizá así aprendería a amarrar el vértigo de qué es lo que viene, quizá así aprendería a jugar con Cronos. ¡Cómo si yo pudiera jugar con los dioses! Como si yo pudiera agarrar el destino y reciclar la humedad, la sonrisa, el alcohol a las tres de la mañana. Sí, es de nuevo lo mismo, siempre lo mismo, ojalá me bajará de mi misma, sólo así podría observar y proseguir la búsqueda, sólo así podría criticar la propia ignominia, hacerme una sola.
Hoy te seguiste al sur, yo iba al norte.