jueves, mayo 02, 2013

Asterion.

El laberinto y las múltiples escaleras reflectadas sólo me recuerdan lo difícil que desde la infancia me ha sido cuajar con el contexto. No es que sea una mala persona, de hecho, paradójicamente  otros elementos me han aturdido risueñamente lo buena persona que soy. No obstante al argumento, a las caras sonrientes, gustosas o quizá hasta condescendientes, han sido despreciadas por mí al momento de emitir su voto. Sin embargo sé que estas son "subjetivadas", pues de lo que se trata es más bien de un tema harto científico, de aquel que tiene que ver con los espejos, especialmente por aquel que tengo por rostro. Éste que no logra reflejar el rostro de quien me mira, de los compañeros de trabajo, de los amigos lejanos, ni de los primos, ni de los abuelos olvidados, menos de los vecinos; éste en el que al asomarse se asustan por no mirarse o porqué simplemente  no logro reflejar coherentemente los rostros sobre el mío, o peor, por no reflejar nada. A ese tema de los espejos  le debo que desde el inicio haya sido imposible liarme con la enredadera de sobre el suelo o la de sobre las cabezas, o todas las madejas que se atoran entre los pies mientras  uno vuelve o avanza. Básico, fácil, simbólico, manifestación de la astucia social, pero nunca lo he logrado.  Pero ahora mismo  sé que no dependió de mi,  sino de que un redentor o un mounstro maldito no ha hecho su trabajo, el de reivindicarme con los espejos o el de sacarme de aquí.