Desperté recordando la sensación incierta de mi contando cuántos años tendría hacia el año 2000, justo cuando se vaticinaba "el fin del mundo"; o aun antes, cuando contaba los años para llegar a las famosas quince inocentes primaveras. Después miré el reloj de las 6:30 de la mañana y entre la oscuridad me sorprendí contando las horas para el brinco a mi década de los
30. 10, 20, 30... el puente.