LUZ
Entre los matorrales me sorprendí un día hablando sobre lo absurdo que resultaba correr entre la invariable velocidad de la luz sobre la tierra, su día y su noche; acelerar el paso, hacer figuras en el pensamiento, hiper actuar en la invariabilidad constante… y me resultó tan triste hablar de ello mientras el auditorio se burlaba de mi discurrir.
Es que ellos ya sabían de aquel absurdo desde hace tantos años. - Ahhhh…. con razón se les ve remojarse, comer, dormir tan pasivos, como si nada pasara, pensé yo. Entonces no me quedó de otra, dejé de hablar, desaceleré el corazón y me hundí hacia las tibias aguas.
Unos años después salí de entre las olas del océano, me quedé en la orilla viendo pasar a los niños, a las familias felices, al sol; se acercó entonces un pequeño, uno de tantos, y me dijo que ya no intentara meter más que los pies al agua porque adentro vivía una orquídea gigante y que podría hacerla despertar si metía el cuerpo entero.
De todas formas yo sabía que a pesar de aquel riesgo a mí ya nada me podría pasar. Sin embargo, al poco tiempo se hizo una gran ola y comencé a hacer varias cosas en diferentes espacios.
Corrí a avisar a mi hermano para que escapara (pero no me escuchó); me fui surfeando hacia las montañas nevadas (ahí me mató la gran ola); corrí hasta una valla de alambre (ahí también percibí mi voz vibrar entre el agua y luego morí); ascendí como un gato hasta la montaña más alta; ahí se escucharon murmullos diciendo que no podría llegar, otros comentaron que yo estaba haciendo trampa.
Finalmente me halle en la cima, entre los sobrevivientes; en un cuarto cálido y frente a una ventana que se interpuso entre la mirada y lo que sucedía afuera, me pregunté en dónde estaría mi hermano y pensé que en realidad no valía la pena acelerar las malezas y las aguas flotantes para arribar a una mejor bahía, aunque la posibilidad de hacerlo resultara un excelente narcótico para vivir.