Conoceremos como Infauna a los organismos que viven en los sedimientos acuáticos, básicamente en las profundidades del mar; de ahí nacen, comen, viven... se desplazan, formando túneles minúsulos entre lodo, arena, tierra, según sea el caso. A veces, dentro de esos organismos se incrusta una partícula que entre bacterias, carbonato de calcio, nácar y proteínas, va formando una perla. Imaginemos ahora a un ser de la Infauna, a un molusco por ejemplo, con todo y su concha, navegando por el mar más oscuro y hondo del planeta, trazando un infracamino que en una millónésima de posibilidades podría portar una partícula nacarada y llevarla del mar continental, al húmedo y ansestral suelo del bosque - donde entre lodo, animales muertos, raices de árbol primigeneos, recuerdos de seres antediluvianos - se generará una perla, una perla del bosque. Un primitivo tesoro que muy pocas veces encontramos, y que cuando vemos no tenemos otra más que desear comerlo.