No tendría más de trece años cuando me interesé por la construcción de puentes, sobre todo por uno que fuera de tu casa a la mía.
En aquel entonces a tal interés se le sumó un divertimento, el de ‘soñar extraño’, pues después de una tarde entera dedicada a idear mi obra - con maderos, palos, sábanas extendidas, alambres - la cabeza me quedaba embotada, tanto que no me quedaba de otra sino soñar con puentes movedizos y escaleras flotantes.
Una tarde, mientras veía cómo flotaban las nubes entre mi mal logrado puente de madera y tu ventana, apareció Roberto. Él me dijo que no tenía porque preocuparme por construir el puente, que le parecía una idea bastante absurda, y que además mi empresa era una copia barata de los intentos que múltiples artistas habían referido en libros gordos, páginas, en planos, en la construcción de artefactos con procedencia científica...
En aquel entonces a tal interés se le sumó un divertimento, el de ‘soñar extraño’, pues después de una tarde entera dedicada a idear mi obra - con maderos, palos, sábanas extendidas, alambres - la cabeza me quedaba embotada, tanto que no me quedaba de otra sino soñar con puentes movedizos y escaleras flotantes.
Una tarde, mientras veía cómo flotaban las nubes entre mi mal logrado puente de madera y tu ventana, apareció Roberto. Él me dijo que no tenía porque preocuparme por construir el puente, que le parecía una idea bastante absurda, y que además mi empresa era una copia barata de los intentos que múltiples artistas habían referido en libros gordos, páginas, en planos, en la construcción de artefactos con procedencia científica...
...y Roberto se sentó conmigo, quería convencerme para que me alejara de esas cosas, por eso me enseñó sus brazos, sus dientes puntiagudos, sus tijeras - unas que por cierto eran sus favoritas - luego nos reímos mucho. La verdad es que para entonces yo estaba encantada con sus hombros - y eso que de vez en cuando me acordaba de tu ventana. Luego tomé la flor, una bien iluminada de sol.
Apunté con ella a los ojos de Roberto, yo quería ver qué tenía ahí adentro pero no podía ver nada más que unos puntitos negros y otros amarillos, me espanté un poco, y me acordé otra vez de la ventana. Te vi ahí reflejado, en esos ojos, estabas asomado entre los puntos de color, para entonces ya le había solicitado un beso a Roberto uno de esos en los que saltas a la calle y no hallas ni de dónde agarrarte.
Apunté con ella a los ojos de Roberto, yo quería ver qué tenía ahí adentro pero no podía ver nada más que unos puntitos negros y otros amarillos, me espanté un poco, y me acordé otra vez de la ventana. Te vi ahí reflejado, en esos ojos, estabas asomado entre los puntos de color, para entonces ya le había solicitado un beso a Roberto uno de esos en los que saltas a la calle y no hallas ni de dónde agarrarte.