Después a Romina le pregunté lo mismo, pero extrañamente ella contestó que le hubiera gustado ser pavimento, pues le fascinaba la idea de embarrar su cuerpo sobre la tierra.
Más tarde, ya a la hora del almuerzo, me encontré a Karina y le quise preguntar que qué le hubiera gustado ser, pero ella no se interesó ni siquiera en escucharme, sólo me miró y señaló a unos pajaritos.