Tengo tan carente el discurso… y no tengo toda la vida para corregirlo, porque toda la vida no te tendré a tí que es lo que ya sé... Porque siempre me va a ser lo mismo con las letras: cae un árbol, se destroza, sale la salvia bruta, la salvia mejorada, salen las clorofilas, como átomos que se desprenden, que se van volando y se vuelcan en el sin sentido de la palabra escrita o pensada, tratada o reciclada, para decírtelas. Pero ya estoy sola, no estás tú, ni yo, ni yo a las dos de la mañana, ni tú dormido en las escaleras mirando Júpiter mientras bailamos... Es que soy tan común, tan común como el círculo que no se rompe, tan común como las olas que van y vienen destruyéndose unas a otras; pero no lo soporto, no soporto la levedad del tiempo en la memoria, ni que confluyan los ríos, mucho menos que se desprendan de por vida. Creo que estoy perdida, y quiero hacer tanto... quiero hacer por ejemplo un árbol o un bote de basura, con basura - para fotografiarlo - o una escultura orgánica, pero no puedo… debe ser la computadora o la ciudad tan pequeña en la que habito, o el ruido del aire acondicionado que ya no soporto, o debe ser que no soy buena para vivir y que ante el hecho – este regalo- sólo me queda la nicotina, la cafeína, la homorfina, la sonrisa, la tecnología, la comida… todas inspirantes libaciones a los sempiternos dioses de la abundancia que no temen a la gula, ni a la avaricia, ni a la prostitución, ni al asesinato, ni a la multisexualidad, ni al averno; antes bien le temen a la anorexia, al fast food, al supermercado… Soy sólo un punto de tiempo y de espacio, una ‘absurda en potencia’, una hoja verde que camina sobre el pavimento; está viva, así lo han conformado los dioses, así es como se ha constituido. El problema es sin embargo, tener la voluntad al frente y los ojos hacia atrás.