miércoles, julio 26, 2006

Karina House

Patricia Galán Lara.

Karina tiene apenas 6 años, lleva el vestido a cuadros azul-rojo y en la mano derecha su muñeca rubia, ahora menos pálida que ella.

Una tarde la niña se asoma a la calle cuidadosamente, teme que sus amigas la vean mientras preparan pasteles de azúcar y sopa de lentejas crudas. Es que Karina es nueva en esto de hacerse la invisible. – Mamá, ¿las niñas ya saben lo que pasó? – Hay mi amor no te preocupes de nada, expresó el silencio de la madre, quien cada vez se sumergía más en una tristeza hasta ahora inexplicable.

Ciertamente, Mar y Raquel, amigas de Karina, no sabían nada, pero un día Mar propuso ir a la casa de su amiga; por qué no lo habíamos hecho desde antes… se preguntaron mientras, con toda la serie de artilugios y joyas de plástico, caminaron a la pequeña casa.

– ¡Karina…! ¡Karina…! Gritaron frente al portón verde oscuro, pero pasaron varios minutos y la respuesta no llegó. Fue entonces cuando Mar y Raquel decidieron instalarse frente a la casa, permanentemente y en espera de que algún día Karina abriera la puerta.

Una tarde, durante el juego, Mar miró a través de la puerta, la empujo levemente… ¡estaba abierta! justo ahora lo notaban. - Qué tontas hemos sido, pensaron las niñas al ver a Karina sentada frente a la puerta. - Dónde habías estado, cuánto tiempo… - Por qué no querías salir con nosotras. A partir de entonces las tres niñas volvieron a reír durante muchos muchos días de juegos.

Mar y Raquel cumplieron 12 años, ya casi no frecuentaban a Karina, y no lo hacía porque entre más pasaba el tiempo más trabajo le costaba a la niña despegarse de su hogar, lugar que consideraba suficiente para albergar todos los juegos.

La tarde transcurre apaciblemente…

Un camión de mudanzas se instala frente a la frente a la casa verde.

Entonces las chicas se enteran de todo, del auto destrozado sobre la autopista México-Puebla, de la madre de Karina… quien justo ahora, después de despertar del coma, ha ordenado vender la casa grande junto con su patio y sus miles de plantas multicolores.

Se dice que justo después de cerrar el trato la mujer murió y que junto a ella estaba una muñeca, la muñeca rubia que Karina nunca soltaba.