jueves, abril 06, 2006

El caso de Lorena Felluci y Rafael Toscana


Lorena Felluci era una chica rebelde pero sin conspiraciones, una feminista desprestigiada por la euforia de la nueva y exuberante libertad sexual; era sin duda una libertina del siglo pasado.

Un día Lorena decide inscribirse en la clase de Rafael Toscana, un profesor trabado en los 60 que quizá ya nadie recuerde.

Rafael, durante sus buenos años, solía ser el personaje principal en los asuntos de baño, de los recaditos de cama, pitos y antro, que escriben las niñas buenas de la Universidad. Entonces Rafael era una promesa sexual y el mejor aperitivo para los amantes de la psicología freudiana. Si no mal recuerdo era él quien se masturbaba la oreja mientras explicaba los asuntos del SuperYo frente a una clase de no más de 30 alumnos.

Ahora Lorena y Rafael se encuentran en el mismo sitio, sólo que Lorena no se ha dado cuenta que desea al viejo. Toscana, tampoco se ha dado cuenta del descaro con el que la santa lo ve de lejos.

Un día Toscana comienza a hablar de su hija de 21 años mientras todos en silencio contemplan al viejo de cigarros Raleih. Cuenta la historia de cómo, la nena, durante sus primeros años de vida andaba por la casa con un muñeco de plástico, un He-Man de los años 80, feo y desgastado; de cómo no lo dejaba por nada del mundo, ni en el baño, ni en la escuela, ni en la casa; de cómo, la madre de la pequeña, le había arrebatado al héroe de las manos, sólo para que dejara de fastidiar con un objeto tan soso.

Esta fue sin duda una versión churrigueresca y chillona de la verdadera historia de la hija, quien para estos años todavía vaga en algún barrio de Canadá, y en espera de que algún norteño se digne a darle un trabajo más o menos decente que los que ya ha tenido.

La historia, sin embargo, no es suficiente como para entusiasmar a Lorena con un análisis de fantasmas, identificaciones, manifestaciones del libido, y demás patrañas psicoanalíticas; pero este día decide acostarse con el hombre que según sus propias palabras: “tenía un penetrante olor a humo”.

Felluci y Toscana no tardaron en sentirse enamorados, ni en pensar que su sexo era la respuesta a todas las preguntas sobre el amor. - Qué es, qué es, qué es eso de lo que todos hablan - Es el sexo entre Felluci y Toscana, se secreteaban en la cama.

Afortunadamente Toscana no se había aliviado de sus males de hombre. Pero Lorena tampoco se había aliviado del amor vaginal cuando entendió que el aroma a humo siempre estaría entre ellos, al menos hasta el día en que Lorena se preguntó si eso que se llamaba humo era realmente humo, o si el amor sería siempre amor.

Lorena ahora redacta una nota periodística para el semanario Zeta, la tarde es blanca. Ya nada le recuerda a Rafael, sólo la fotografía que ha dejado su amante sobre el escritorio. Ahí aparece Toscana poco antes de su muerte, frente a un aeropuerto neoyorquino y en espera de su hija Cecilia. La chica nunca llegó.