
...y la burbuja de un cielo basto y luego triste, con una sábana verde y un cielo lleno de formas te recibe.

Estás en Cuautitlán Izcalli, una burbuja, una caricia para cada día;

el lugar que paradójicamente abandonas en sueños y al que regresas justo para eso, para dormir, y respirar feliz. Haz llegado a casa.