
Miró el reloj, el que se va entre sus manos, es como un cúmulo de burbujas de agua sin la maceta que sostiene el lirio morado que le regalaron un día en el camino.
Rocío metió entonces la cabeza en aquel cúmulo, como si se tratara de bolas mágicas para predecir el futuro, pero ninguna le dejaba ver qué hubiera pasado si en vez de haber salido de la universidad en el 2009 lo hubiera hecho en el 2010, si en vez de haber trabajado en el taller, lo hubiera hecho en la oficina, o qué pasaría si en vez de haber dedicado la tesis a su madre, éste hubiera sido para su padre; tampoco le dejaba ver qué habría pasado si no hubiera saturado aquel documento de viejas historias, incluso llegó a preguntarse qué hubiera pasado si en vez de ir al otro continente en este año, hubiera ido para el otro... Después de los 30
Y es que las tantas posibilidades de su existencia (de la presente) era ya un móvil que por momentos ajenos a su voluntad, la llevaba a cuestionarse qué había sido un sueño o qué realidad, qué había estado bien o qué salió mal; qué burbuja le proyectaría el arrepentimiento más grande, la nostalgia menos ilustrativa, o la pasión más enamorada u obscena y la tarde más feliz, sobre el césped.
Pero continuó nadando, con la cabeza en aquel cúmulo de burbujas de agua, de libros, de lirio, y se sorprendió disfrutándolo, tanto, que por un momento olvidó que tendría a penas tiempo para llegar a su casa, hacer los quehaceres y salir corriendo por su hija al jardín, una rutina en la que las posibilidades de ser y seres por segundo parecía que se mezclaban.
Rocío
en aquel mar de lirios, esferas traslúcidas, agua.
Y quizá al final ella deseando sólo ponerse a regar las plantas.
"El tiempo es una imagen móvil de la eternidad" Platón